Entra en la cancha con cara de pocos amigos. Como con ganas de comerse a los rivales. Es voraz frente al arco contrario y ya dejó en claro que lo suyo no se trata de un simple buen momento. Transpira furia en cada acción y sólo se permite sonreír cuando ve que la pelota se hunde en la red. Sabe que lo suyo es el gol y se desespera por ser el mejor en su materia. Será por eso que cuando pone el pie dentro del área o encara con la pelota dominada se ha ganado una fama difícil de conseguir en el universo futbolero: meter miedo. Sólo así se explica que en los últimos tres torneos Santiago Martín Silva haya resultado goleador en dos: el Apertura 2009, con 14 gritos, en Banfield, y ahora en el Apertura 2010, con 11 festejos (Denis Stracqualursi, de Tigre, tiene 10 goles y un partido pendiente que se disputará en 2011).
Tiene un carácter que potencia su tremendo presente. El hombre que hace ocho días cumplió 30 años y comenzó a patear una pelota en Avellaneda, en Uruguay, dice que todo depende de la confianza y que hace tres años cambió: "Hice un clic. Creo que lo importante es que maduré en lo que es el juego, estoy más serio, más vivo, más bicho, como más experto dentro del área".

