Sin las grandes maquetas ni modernas estructuras que presentó Qatar, Rusia se convirtió en la sorpresa en la elección para el 2018.
El país de los fríos perpetuos organizará la Copa en verano, cuando las temperaturas en la parte europea (allí se jugará el 95 por ciento) pueden superar los 30 grados. De hecho, este verano fue el más caluroso de la historia reciente de este país con temperaturas que rondaron los 40 grados.
Rusia prometió solventar sus problemas de distancias entre ciudades con trenes súper rápidos construidos por la empresa Siemens; de aeropuertos, abriendo tanto nuevas terminales como rutas de su aerolínea Transaero; de terrorismo, dejando afuera las ciudades del Cáucaso, foco de violencia; y de poco movimiento de economía, llevando a la decisión a los mayores petroleros ricos, como Roman Abramovich, dueño del Chelsea.

