HEITEL ALVARADO
“Desde la primera vez que lo vi supe que tenía un potencial que se perdía de vista, lastimosamente no tuvo a su alrededor gente que lo llevara a tomar buenas decisiones. Eso, sumado a una enfermedad que amerita muchos cuidados, cuidados que Paul no tomó, nos hacen perder a un excelente delantero y a un gran ser humano”, soltó el entrenador y ex jugador Nelson Carrero, al preguntarle por uno de sus jugadores predilectos y al que aún considera un gran amigo. Un prodigio que se despidió del mundo por un derrame cerebral, desencadenado por las afecciones renales que lo afectaron por largo tiempo.
Ramírez nació en Puerto Ordaz hace 25 años. Su potencial lo colocó en un lugar muy cotizado en el sudamericano sub 20 de 2005. Bajo el mando de Carrero compartió selección con jugadores como Ronald Vargas, Luis Manuel Seijas, Oswaldo Vizcarrondo y Nicolás Fedor entre otros. Hoy todos ellos son protagonistas en Europa y, paradójicamente, Ramírez fue el primero que partió al viejo continente para hacer vida con Udinese (Italia).
“Cuando firmó el contrato aún estábamos en el Sudamericano, me senté a hablar a solas con él, yo lo hacía con frecuencia. En aquella oportunidad le dije que sólo con trabajo y dedicación conseguiría que ese paso que estaba dando fuera el más importante en su vida. En aquel momento era mucho más que Miku, de todo aquel grupo talentoso por el que más preguntaban los equipos era por Paul”, rememora Carrero, con nostalgia y cierta frustración.
EL PARTIDO QUE NUNCA PUDO GANAR
Durante su pasaje por Italia empezó la lucha de Paul contra su enfermedad renal. Padecimiento que lo obligó a venirse a Venezuela para recibir un transplante de órgano, donado por su propia hermana. “Esa operación la terminó perdiendo, él debía tomar una serie de cuidados, sobre todo en su alimentación y hábitos de vida que él poco a poco fue descuidando. Siempre fue así para todo, vivió sus 25 años con mucha intensidad, con una vertiginosidad que su cuerpo quizá no estaba en capacidad de aceptar”, relató Carrero.
PAUL: EL AMIGO, EL COMPAÑERO
“Pocas veces vi disfrutar a alguien tanto en un camerino como a él. Siempre tenía un chiste, una sonrisa, una palabra de aliento para los compañeros. Era una persona extraordinaria y muy querida por todos sus compañeros. Era de esos jugadores que cuando venía enchufado te resolvía un partido él solo”, recalcó.
LA FALTA DE VALORES
“Muchos técnicos en categorías menores tienen a veces más en cuenta ganar títulos que formar jugadores. Jugadores como Paul que vienen de barrios muy deformados necesitan una gran atención y ser tratados de manera distinta. No sólo por el talento que pudieran desarrollar, sino para que puedan salirse de todas las malas tentaciones que ofrece el sitio donde se han criado. Mi relación con Paul era especial, siempre trataba de hablarle, de aconsejarlo, pero no podía estar las 24 horas con él. Creo que las amistades lo perjudicaron mucho, sobre todo después de la muerte de su padre”, remató.
