Desde la Copa América de 1993, la albiceleste no ha conseguido una corona a nivel de selección, carga con la que siguen cargando y que aumentó tras la eliminación ante Uruguay.
El tópico de "la obligación de ganar" el torneo tras dieciocho años de sequía se había instalado con fuerza en la concentración de Argentina, donde el seleccionador Sergio Batista y la mayoría de los jugadores habían admitido la presión.
La última vez que Argentina ganó la Copa América fue en Ecuador'93, en el mejor momento del goleador Gabriel Batistuta y sin Diego Maradona, golpeado por su adicción a las drogas. Eran los tiempos de Alfio Basile como seleccionador, con el que los argentinos también se impusieron en Chile'91.
Antes de Basile, con Carlos Bilardo, y después de él, con Daniel Passarella, Argentina desestimó el torneo de selecciones al interpretar que lo más importante en sus respectivos ciclos como seleccionadores eran los mundiales, y que no había que distraerse para fortalecer ese objetivo.
Cuando Argentina comenzó a echar de menos los títulos apareció Brasil, que ha ganado cuatro de las últimas cinco ediciones de la competición, las dos más recientes en partidos decisivos ante los albicelestes en Lima (2004) y Caracas (2007).
Argentina ha ganado catorce títulos en el torneo de selecciones más antiguo del mundo, igual cantidad que Uruguay, que se ilusiona como semifinalista con la posibilidad de pasar al frente en esa tabla de logros.
Messi no brilló; Tevez, "el jugador del pueblo", solo fue una sombra del goleador de la Premier League con el Manchester City, y los demás estuvieron por debajo de sus niveles habituales.
Ahora todos miran a Batista, que explica una línea de juego ideal ante quien lo quiera escuchar, distinta a la que mantiene el equipo en el campo de juego.
Batista dice que tiene firmado un contrato con la federación (AFA) hasta la finalización de las eliminatorias del próximo Mundial, y que la Copa América sólo era un compromiso intermedio. La mochila que carga comienza a pesar.



