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martes, 12 de julio de 2011

Selección: de la ceguera a volver a ver la luz

Costa Rica era un sub23 que había cubierto el hueco dejado por Japón. Costa Rica, en definitiva, fue el tercero de los rivales a los cuales se debió enfrentar la Selección; los otros dos fueron la impaciencia colectiva, combinada con un exceso de pesimismo generalizado, y los propios miedos internos que surgían de un grupo de jugadores a los que costaba definirlo como equipo.
 
¡Qué actor clave es el factor psicológico en el fútbol! Un termómetro que mide bruscos cambios de humor, que agita pasiones positivas o negativas conforme el resultado acompañe y que puede apuntalar un proyecto o sepultarlo a la velocidad de la luz. Así se vive en la Argentina; una cuestión cultural que llevamos debajo de la piel y que es un pasaporte sin fecha de vencimiento que se desparrama por el mundo. Allá donde haya una celeste y blanca habrá sobresaltos emocionales y una lógica de la desmesura. La argentinidad, también, tiene forma de pelota. 

Sergio Batista, presionado por las circunstancias, jugaba su propio partido a sabiendas de que una derrota podía dejarlo en el fondo del abismo. Jugó todo a ganador: dejó de lado su frase “el nueve es Messi” y le dio a Higuain el puesto de referencia de área, en este caso intercambiando con Agüero quién rotaba por un lado cuando el otro ingresaba a posiciones de definición. 

El efecto rebote liberó a Messi de las presiones por ser el eje único y, por lo tanto, el portador del monopolio de la toma de decisiones. Si Di María y Zabaleta acompañaban por las bandas, las opciones de descarga por los laterales aumentaban y evitaban, así, el pase previsible del costado hacia el centro y viceversa, como sucedía con el triple cinco. 

Este Gago, además, no se observaba desde el que Basile utilizó por primera vez en Boca como organizador a partir del primer pase, para agilizar la salida progresando a un toque y así permitir que Mascherano cubriera como cinco defensivo. 

Por otro lado, en su rol de observador, Maradona había puesto el foco en el Kun durante los juegos olímpicos de Pekín. Por entonces, mediados de 2008, Diego había hecho referencias a que él iba a aconsejarle a su joven yerno de qué manera caminar el área y cómo ingresar o salir de ésta sin denunciar el movimiento antes. 

Por lo visto, este Agüero, ya convertido en un definidor frío y letal, al estilo Romario, tomó lecciones de un maestro en el arte de la definición. Ya lo había hecho en un complicado momento frente a Bolivia, inclinando el cuerpo hacia atrás y levantando la pierna para impactar el balón en su punto justo, evitando que se elevara por sobre el horizontal. 

Ahora, aprovechó al arquero en el piso para, como marcan los manuales, dar un pase a la red en el primer tanto; en el segundo, tras el control con pie izquierdo, la torsión del cuerpo para darle dirección al disparo suave, combado y a colocar, fue una clase de cómo resolver en un movimiento leve y no en dos tiempos.
 
Más allá de la clasificación y de los tres goles, hubo otro triunfo significativo: la recuperación de Messi como estandarte. 

Comprometido con el juego, activo, concentrado y letal, la Pulga cambia un partido a su antojo. Y, si el sistema táctico lo protege, empieza a verse el Lío de Selección y no sólo el Lío del Barcelona. 

El diez es la suma de los factores que distinguen a un fuera de serie: técnica, potencia y claridad conceptual para elegir entre el pase filtrado o el encarar en la personal. Anoche, al encontrar opciones de descarga, también jugó con el elemento de distracción, decidiendo con la pelota al pie si abría para un costado u el otro o rompía el cerco con gambeta hacia adelante. 

Sus asistencias milimétricas fueron un sello que deja entrever que con el tiempo se convertirá en un estratega. ¿Recuerdan el gol de Caniggia en el 1-0 a Brasil en Italia’90? Messi, a la larga o a la corta, tendrá en Higuain, Agüero, Tevez, Lavezzi o Di María a “su” Caniggia. Es cuestión de esperarlo, porque va camino de agregarle visión panorámica de juego colectivo a su exquisita capacidad de dar marcha y contramarcha en la misma acción, girando o metiendo la pausa para adormecer el balón antes de decidir cómo continuar la maniobra. 

Ahora empieza otra Copa, quizá la verdadera. Pasó el tiempo de ajuste, el de ensayo y error. El equipo hizo un click porque Batista, sobre todo, no se encaprichó con un plan A y dio el último volantazo antes de chocar contra el iceberg. 

Es en las situaciones límite donde se observa la toma de decisión de un conductor grupal; en ésta, el resultado quedó a la vista. 

A la Selección le quedaba una vida, y la supo aprovechar. La extrañábamos, y apareció en el momento justo y en el lugar indicado.
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