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lunes, 18 de julio de 2011

Temple irrompible llevó a Japón a lo más alto del fútbol femenino

Antes de comenzar el torneo, el técnico Norio Sasaki les había mostrado imágenes de los desastres ocurridos en su país el pasado marzo para que tuvieran conciencia de lo que estaba en juego y de cuál era su misión.



Las habían comparado con el Barcelona por su destreza técnica, pero fue el temple, esa cualidad tan característica de los japoneses frente a la adversidad, que permitió a las jugadoras niponas vencer por 3-1 en la tanda de penales a Estados Unidos y alzarse con su primer campeonato mundial de fútbol.
"Todas conservamos la confianza hasta el final, nos tuvimos fe y por eso al final ganamos. Estamos sumamente felices con estetítulo mundial. Ahora somos las número uno del mundo", declaró sin pestañear ni llorar de emoción ante las cámaras Homare Sawa, la capitana de las niponas.
Sawa, una jugadora de 32 años que es idolatrada en su país, resumió en pocas palabras el secreto del éxito de niponas, que dieron la gran sorpresa al doblegar a lasgrandes favoritas, las bicampeonas mundiales norteamericanas, pese a que éstas habían dominado casi todo el partido disputado en Fráncfort.
Pero también las llevó hasta la final el anhelo de dar una alegría a su pueblo, castigado por el tsunami y la catástrofe nuclear de Fukushima.
"Queremos ganar para Japón. Queremos ser campeonas del mundo", dijo la jugadora Yuki Nagasato antes del estreno mundialista ante México, en el que, al igual que tras la conquista de la final, las jugadoras desplegaron un cartel agradeciendo el apoyo internacional a su país.
Antes de comenzar el torneo, el técnico Norio Sasaki les había mostrado imágenes de los desastres ocurridos en su país el pasado marzo para que tuvieran conciencia de lo que estaba en juego y de cuál era su misión.
El camino hasta Alemania no fue fácil para el equipo. Tras el tsunami se cancelaron los partidos y cuando se repusieron del primer shock, los equipos entrenaron bajo duras condiciones.
El centro de alto rendimiento de la Federación Japonesa de Fútbol, donde debían cumplir su preparación mundialista, a 25 kilómetros de Fukushima, quedó inhabilitado.
El racionamiento de electricidad derivado de la catástrofe del reactor nuclear dejó a las jugadoras sin poder practicar en horas tardías con luz artificial. En los cotejos preparatorios para el Mundial no lograron ganar ni una sola vez.
Las niponas llegaron a Alemania con la meta mínima de superar la fase de grupos, como lo confesó la propia Sawa, quien al mismo tiempo soñaba con una medalla "no importa de qué color".
Hasta este Mundial no habían brillado los "claveles" como se las conoce en Japón, con un balance de sólo tres victorias en 16 partidos en los cinco torneos mundiales pasados.
Con disciplina y un fútbol de pases cortos y al ras, las pequeñas japonesas consiguieron compensar sus déficits físicos y ofrecer un fútbol atractivo.
El campanazo lo dieron en cuartos de final, cuando dejaron fuera por 1-0 a las atónitas anfitrionas alemanas, destronadas mucho antes de lo que querían en el Mundial en suelo propio.
Ya más confiadas se enfrentaron a las suecas, también más robustas que ellas a nivel físico, que corrieron igual suerte que las germanas, pero por 3-1.
Y hoy las campeonas olímpicas de Estados Unidos. La suerte pareció estar echada dos veces cuando las americanas se pusieron en ventaja, pero las japonesas no cejaron y consiguieron el empate para el 2-2 que llevó a la tanda de penales. Después, solo restó templar los nervios para conseguir el milagro.
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