Muchas fórmulas ha buscado la UEFA para tener en competencia a buena parte de los clubes del continente. El negocio requiere que se juegue y mucho. Las plantillas abundantes necesitan financiarse y con los recursos que surgen sólo de las ligas internas no alcanza. La Champions League permite a los clubes grandes medirse y recibir sumas gigantescas, en un formato que acomoda a todos los protagonistas.
El problema radicaba en los cuadros de segunda línea o en los grandes que atravesaban por alguna crisis deportiva, que les impedía luchar donde siempre lo hicieron. El resultado fue la creación de la UEFA Europa League, fruto de las extintas Recopa y Copa de la UEFA, que debieron adaptarse a los signos de los tiempos.
En ese marco, arranca el segundo torneo en importancia de la confederación que agrupa a las federaciones europeas. Una instancia para medir fuerzas, sumar euros y muchas veces salvar el año deportivo o bien agregar gloria a los éxitos en el plano local. Es el caso por ejemplo del Porto, último campeón, que en la temporada 2010-2011 se llevó la Liga, la Copa de Portugal y la Europa League.
En la edición anterior a la que consagró a la entonces escuadra dirigida por Andre Villas – Boas, el Atlético de Madrid, con un Diego Forlán encendido a mil, presagio de su inolvidable Mundial de Sudáfrica 2010, disfrutó de un título en medio de la hegemonía del Barcelona.
No se puede hablar de favoritos en el arranque de la competencia. Los 12 grupos en disputa arrojarán 24 clasificados a los que se sumarán los ocho terceros provenientes de la fase de grupos de la Champions. Es decir, el camino es largo para llegara al gran final, programada para el 9 de mayo en el estadio Nacional de Bucarest en Rumania.
De todas maneras, se aprecian clubes a los que levantar este hermoso trofeo no les vendría nada de mal. Tottenham, PSV, Paris Saint Germain, Athletic de Bilbao, Atlético de Madrid, Sporting de Lisboa, Lazio o Dínamo de Kiev recibirían de excelente forma la opción de alcanzar las instancias decisivas.
En la misma línea, alguna derrota dura o una eliminación impensada puede generar movimientos impensados en alguna banca donde los dirigentes no dispongan del don de la paciencia. Más de alguien puede creer que el camino a la final ofrece algunos atajos. Se equivoca. La Europa League, por su extensión, largos viajes y rivales muchas veces desconocidos, suele deparar sorpresas a los en teoría favoritos.
En 24 canchas arranca el sueño de llegar a Bucarest. Un premio que para muchos será algo más que un consuelo.
